La procesión del infierno
Un papel y una sábana doblada que se
mueve con el viento de molinos ante un mar diariamente
enloquecido que acerca el invierno a tus manos. Un infierno puede ser una leñera o un
espacio enardecido de talibanes dispuestos a quemar cualquier vestigio de civilización heredada. Que prevalezca el hielo de ese poniente congelado, que venga a nosotros tu reino y sus soldados. Helado el tiempo y los años en los que
tu mirada solo ha parpadeado cuando el odio se escapaba por las hendiduras de tu mente atribulada. Hilos de algodones negros tejidos con el
color de una bandera doblada, hilos de acero para las casullas de los ángeles malos, hilos de oro para las faldas de los propios demonios. De tu herencia he contabilizado 11.680 muertos y otras tantas espadas ocultas entre los restos de tu viaje al otro lado.

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